20/4/08

“En casa teníamos una cocina a leña, una tía que le gustaba cocinar nos vino a visitar para el cumpleaños de uno de mis hermanos, y se puso a hacer una torta de chocolate, nosotros estábamos ansiosos para comerla, ella tenía por costumbre, cada dos palabras agregarle, ejemplo querida, como diciendo que tengamos paciencia, cuando la terminó y nos dio la porción a cada uno, empezamos a escupir la torta, ¡tenía un gusto a querosén terrible! Ella nos decía ejemplo querida, sáquenle lo que tiene gusto a querosén y coman lo otro (risas), le había puesto querosén a la leña para prenderla”.
“Mi papá era muy bruto para manejar, agarraba pozos, piedras, no ponía mucho cuidado, yo soy muy miedosa, un día nos llevaba atrás de la camioneta a pasear, iba con mi hermana menor con un vestidito blanco, ni bien arrancó la tiré a mi hermana y atrás fui yo, caímos en un lugar lleno de cenizas, estábamos irreconocibles”.
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“Nací en Rocamora, dto. Uruguay, mi papá trabajó un tiempo en el ferrocarril y también era carnicero, pero luego decidió irse a trabajar a Colón, solo; tiempo después nos trasladamos toda la familia junto a el, yo tenía 8 años, éramos 6 hermanos, fue duro adaptarme porque extrañaba mucho a mis abuelos, nosotros vivíamos en el campo y teníamos otro estilo de vida”.
“La escuela primaria la hice en la Nº 60, que construida en el mismo año que la 61 actual Nº 2 de acá, cuando terminé 7mo grado, me dieron el premio a la mejor compañera y mejor alumna, pero me quedó un sabor amargo, porque todos los años el Rotary Club entregaba medallas de reconocimiento y ese año no lo hizo, me dieron unos libros y de rabia los quemé (risas)”.
“Colón ha cambiado muchísimo, me siento rara en el lugar donde me crié, cuando voy quiero volverme enseguida a San Salvador, en una oportunidad nos habíamos ido una semana a Córdoba, y nos olvidamos las puertas de mi casa abiertas, los vecinos se encargaban de cuidarla y no faltó absolutamente nada, hoy eso es algo imposible.”
“Siempre me encantó la lectura y todo lo que tenía que ver con las manualidades, a pesar que en casa eso no era lo habitual, a los trece años gané mi primer concurso literario que fue organizado por radio Colonia de Uruguay, era una novela, podía participar cualquiera que tuviera inquietudes literarias, el premio era un terreno en Bs. As, como no podía viajar a recibirlo, les envié una carta explicando mi situación y si me podían cambiar el premio, nunca pensé que se iban a venir hasta mi casa, hablaron con mi papá porque yo era menor, el tenía que pagar la escritura, ahí aparece esos que nunca faltan diciendo que tenga cuidado, vaya a saber donde era el terreno, seguro que es en un charco y todas las cosas malas que se puedan imaginar, así que me quedé con las ganas de recibir el premio”.
“Tenía quince años cuando terminé la escuela técnica, hice el secretariado comercial, después comencé a trabajar en la galería El Greco, sobre calle 12 de Abril, haciendo artesanías, con Pino Casanovas trabajé en cuero, me encantaba ese trabajo, toda la parte de costura y pirograbado pasaba por mis manos, siempre rodeada de gente grande, no tenía amigas de mi edad, por esos días mi diversión eran los libros.”
“Siempre he tenido imaginación, si hubiese sido por una profesora del secundario, no hubiese escrito nunca, es bueno que a uno lo critiquen, porque de ahí se aprende, te permite mejorar cuando lo hace gente que sabe, pero esta mujer tenía como algo contra mí, todo lo que yo hacía lo criticaba mal, pienso que a lo mejor lo hacía desde sus frustraciones, pero me sirvió porque me hizo más perseverante y tener una postura más firme sobre las cosas que hago y considero que están bien y no dejar que los otros te tiren abajo lo que haces.”
“He trabajado con distintos materiales, con hoja palma, hueso, cestería, vitraux, falso vitraux, pero con la pintura y el modelado me siento más cómoda.”
“A los 35 años me vine a vivir a San Salvador, me costó adaptarme, las costumbres de un pueblo al otro son muy distintas, por ejemplo si la gente tenía que hacer media cuadra, tenía que arreglarse, yo venía de un lugar donde la gente vistiera como vistiera, no la hacía mejor o peor persona, no te cambiaba una pinturita tu forma de ser, no te hacían diferencia por eso”.
“He recibido muchos premios, pero el que considero uno de los más importantes para mí, pero que no tuvo demasiada repercusión, fue el de la 10ma Fiesta Provincial de la Poesía, donde competí con varios escritores que llevaban editados varios libros y me otorgaron una mención especial, había escrito “Hombre de los arrozales”, era la época donde el arroz no valía nada, esta fiesta se hizo acá, era Director de Cultura Marcelo Barreto, después gané en Colón con una narrativa y en Centenario gané con poesía, también el que la mayoría de la gente conoce que es el de la creación de la bandera de San Salvador, que lamentablemente casi no se usa en los actos.”
“Siempre ando pensando proyectos, estoy trabajando en mi 5to libro, ninguno de los anteriores tiene presentación, el primero se llama “Zilef”, que es feliz al revés, un poco lo que ha sido mi vida hasta estos días (risas), nunca he tenido la oportunidad de editarlos, tiene un costo que no estoy en condiciones de afrontar, el segundo es “Cuentos para Dane”, que son cuentos y leyendas de la zona, después escribí “Paisaje Violeta”, que son poesías, “Cuentos para Dariel” es el cuarto, y el que estoy escribiendo “Eritro en libertad”.
“La pintura es algo que ocupa mucho mi cabeza, me encanta hacerlo, soy autodidacta, lo que pinto tiene que ver como me siento en ese momento, va variando la temática.”
19/4/08
20/2/08

“En una oportunidad estábamos dando serenatas; serenatas de respeto que se le llamaban, para la noche buena, había acordeón, bandoneón, guitarras y cantores, se cantaba en alguna ventana y esperábamos que nos dieran alguna botella, nunca faltaba el que quería atropellar primero para agarrar el obsequio, nosotros cantábamos y nos retirábamos, sorpresa se llevó cuando vio abrir la ventana y fue a recibir el regalo, ¡le tiraron con una escupidera llena de orín! Corriendo se fue a la casa a bañarse y sacarse el olor, nunca más jugo de comedido”.
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“Nací, me crié y me malcrié aquí en San Salvador, hace 64 años, durante 40 años viví en la calle Primera Junta; una calle de artistas se decía en ese entonces, como Mario Jourdán, un bohemio tremendo, también yo tenía el Tango Bar, que funcionaba en mi misma casa, era refugio de trasnochadores, todas las noches había una viola un bandoneón, cantores, venían músicos de otros lugares como el Cítara Trío de Concordia, Héctor Apeseche de Yumba 4, Telmo Follonier y tuve la suerte de cantar con los mejores fuelles de la provincia, los hermanos Salvador, los hermanos Crossignani de Concepción del Uruguay, Edmundo Cosentino de Villaguay, Rivero de Paraná, me di mi pequeños grandes gustos".
"Empecé a cantar desde muy chico, las primeras actuaciones fueron en la escuela, me subía arriba de una silla y cantaba, el tango era algo que se escuchaba mucho en casa, tanto mi padre como mi madre eran muy tangueros, también mis hermanos mayores, mi papá era muy bailarín de tango".
"Mucha gente me conoce por Carlos Tamayo, el origen del nombre viene porque en los años ´20, había en la zona un malandra que le llamaban Tamayo Gavilán, y mi papá tenía un gran parecido físico con el, entonces un tachero (taxista) colega, que en ese entonces eran autos de alquiler, lo bautizó Tamayo Gavilán, de ahí que muchos me conocen con ese nombre".
"Mi debut ante un público grande lo hice cuando tenía 13 años, en la escuela 104 de Lucas Sud, con los hermanos Torres Castagnino, entre ellos don Ramincho, que es quién me enseño a cantar y me echó montón de veces, el veía que yo tenía voz y no la largaba, así que al otro día volvía, y le decía: don Ramincho, ¿quiere que le cebe unos mates? (risas). El grupo era don Ramincho en bandoneón, don Lorenzo y Pocho en guitarra, y Yoyo en la batería, el grupo se llamaba típica y característica Renacimiento, estuvimos alrededor de 5 años, hasta que me fui a hacer el servicio militar".
"Cuando regrese, estuve con los hermanos Casse, don Benito, don Ovidio, don Cipriano, y don Elvio Rey, la orquesta se llamaba Santa Cecilia, eso fue en el año ´65, también fue integrante Luís Gómez en acordeón".
"Después me voy a Bs. As, en el ´71 me va a buscar Edmundo Segón y Cirito Romero, yo trabajaba de mozo, era mi último año en la ciudad, ellos tenían los Cinco Sonidos y querían formar Tango Cinco, sería algo así como dos bandas en una, Cinco Sonidos era todo característica y melódico con Edmundo Segón en los teclados, Oscar Morén en el bajo, Cirito en guitarra, carancho González en la batería y Jorge Santos como cantante, luego bajaban el baterista y el cantante y subíamos el topo Caire y yo, era una época que se trabajaba bien, los bailes se llenaban, las orquestas tocaban mucho, hacían una presentación de 2 horas, descansaban media hora y se volvía a tocar otras 2 horas mas, no había disk-jockey, los bailes de Lucas Norte comenzaban a eso de las 9 de la mañana hasta el otro día a las 7 u 8, ¡con piso de tierra! Pero todo era diversión".
"Cuando salgo de Tango 5, alguien me contacta con la organización del primer festival provincial del tango, en Rosario del Tala, con proyección nacional; los que ya habíamos cantado en alguna orquesta nos contrataron como profesionales y después estaban los que iban como aficionados, dentro de los profesionales éramos treinta y dos y gané, llegué a la final con un muchacho de Gualeguaychú, eso fue el 4 de enero del ´75, el premio era plata, que sí cobré y la grabación de un disco que me la cambiaron por actuar en el teatro Astral de Bs. As en septiembre de ese mismo año, canté al lado de Edmundo Rivero, Alberto Morán, ¡cantores de aquellos! A mi temblaban los garrones (risas), imagínense el teatro con los balcones llenos, un escenario inmenso, un despliegue de gente y luces, fue una gran satisfacción, en los camarines Edmundo Rivero se acercó y me felicitó, yo estaba ancho como alpargata e´croto".
"También incursioné haciendo folklore, con los Achalay, ganamos varios concursos, el grupo lo formó Cholo Echeverría, profesor de baile y guitarra, el ruso Nikel que era empleado bancario, Bochón Lagos y yo, esa fue la primera formación, después también la integraron el Totito Ordóñez y Martín Santos".
"Tuve la posibilidad de cantar en el programa de Silvio Soldán “Grandes Valores del Tango”, superé la prueba pero nunca me llamaron, así como yo, había muchos esperando su oportunidad".
"Viviendo en Bs. As tuve la oportunidad de cantar en varias cantinas, el tango era muy popular, los locales se llenaban de gente para bailar y ver a sus artistas preferidos, disfruté la noche porteña, los espectáculos eran de lunes a lunes, yo trabajaba en un restaurante desde la cinco de la tarde hasta las dos de la mañana, me daba una ducha y me iba a las cantinas hasta las seis o siete de la mañana y después dormía hasta las tres o cuatro de la tarde".
"En el hotel que me hospedaba éramos 4 de San Salvador, así que no me sentía tan solo, viví cinco años y después regresé, mi mamá me extrañaba y le preocupaba que estuviera tan flaco(risas) así que le hice caso y volví; el viaje se hacía en tren, 14 horas duraba el viaje hasta acá, siempre y cuando el clima estuviera bien y el ferry no tenga problemas, tardaba 5 cinco horas en cruzar el río Paraná desde Zarate a Ibicuy, era hermoso, se armaban guitarreadas con los correntinos y misioneros, era como una gran familia, ¡una cosa impagable!"
"Soy un tipo que nunca supe música, orejero al mango, y por lo que dicen los demás músicos, no desafino por más borracho que esté (risas), siempre me han recomendado que estudie algún instrumento, pero no lo intenté. Tengo muy buena memoria para aprenderme los temas".
"En este lugar donde vivo, estaba la cancha del club Nuevos Rumbos, que era donde yo jugaba, enfrente de los contrarios; Unión, ¡nos teníamos una pica tremenda!
Siempre me canto un tanguito, aunque nadie me escuche, como dice el dicho- nací perro y voy a morir ladrando-“.
Carlos Joannaz está casado y tiene 4 hijos, recorrió innumerables ciudades y pueblos con su canto, cosechó amigos y premios, pero lo más importante; consiguió el respeto de sus colegas y afectos.
19/2/08
20/1/08

-"Recuerdo que había una maestra, que tenía por costumbre adelantar el reloj de la escuela, para que toque antes la campana, todas éramos cómplices, menos la directora que si se enteraba nos echaba a todas, lo adelantaba como quince o veinte minutos, era gracioso verla subir a una silla, todas expectantes de su tarea.
-Durante dos años le cocine a los chicos de la escuela 9 cuando recién empezaba a funcionar, un día que lloviznaba, yo venía con una fuente grande con fideos, y un guacho de arriba de un árbol me tira un pelotazo y me hace caer, volaron los fideos para todos lados, eran muy diablos esos gurises, y todos se mataban de risa y yo con una bronca bárbara".
"En el invierno me gustaba llevar unos licorcitos, para aguantar el frío, pero siempre llevaba mi cepillo y crema dental para que no me sientan el olor, no sea cosa que empiecen a decir que la cocinera es una borracha"(risas).
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“Nací en Villa Elisa, en el año 1932, pero a mis 9 años mi padre se traslada a San Salvador, no conocí a mi madre porque ella muere cuando yo nací, a causa del parto y de una epidemia que había entonces, nos mudamos al campo, a la Colonia Cóndor, mi papá se casó varias veces, somos 18 hermanos por parte de mi papá, ¡era bravo el viejo en esas cosas! (risas), yo los quiero a todos, son mis hermanos, lo mismo que mis madrastras, han sido buenas conmigo".
"La vida en el campo en ese entonces era de mucho respeto, había que trabajar de muy chica, juntar huevos, darle de comer a los animales, nuestro padre nos asignaba una tarea a cada uno".
"Me crió mi abuela, de parte de madre, me dio mucho amor, igual que mis tías, sufrí mucho cuando me tuve que venir de Villa Elisa, era la regalona de la familia.
Fui a la escuela de la colonia, no tengo bien en claro si esta por cumplir 100 años o ya los cumplió, no he escuchado nada, hace un tiempo fui y la encontré hermosa, la habían hecho nueva, aunque no era a la que yo asistí, pasé lindos momentos ahí".
"A los quince años me voy a Bs. As, tenía una hermana que me vino a buscar con unas primas, el campo no me gustaba, me fui decidida a luchar, tenía como tutores a una familia de médicos, mi padre firmó un papel en la comisaría nombrando a esta gente, me tenían cortita, en esa época no se podía ir a un baile, tenías que ser mayor de edad, las otra chicas se iban y yo me quedaba en mi pieza a llorar".
"De chica tuve la inquietud de conocer Bs. As, me fui acostumbrando al ritmo de vida de la ciudad, me fascinaba todo, las avenidas que en ese entonces andaban los tranvías, las luces de los negocios y las calles, imagínense para alguien como yo que nació y se crió en el campo, ¡un cambio total!"
"Yo vivía y trabajaba en Villa Devoto, un lugar con muchas casonas, sería algo así como un barrio de casas quinta, de buenas familias, estaba prácticamente todo el día en la calle haciendo mandados, los patrones eran casi como nuestros padres, solo le teníamos que pedir lo que queríamos comprarnos, así sea un tapado de piel, ellos lo compraban, tengo muy buenos recuerdos de esa gente, pero tomé la decisión de irme, no hay nada mejor que vivir en lo de uno, a parte que me pagaban poco, yo quería un poco de más libertad".
"Conozco a mi marido, y me caso ahí en Capital, el era hijo único, tenía el papá muy enfermo, luego fallece y tomamos la decisión de volver porque la mamá de él queda sola, sufrí mucho, porque me había acostumbrado a las comodidades de la ciudad, el movimiento de los negocios, conseguir las cosas que quería comprarme cerca de mi casa; el pueblo yo lo veía que tenía mucha tristeza, en ese momento lo que me hacia feliz, era el nacimiento de mi primera hija".
"Mi marido no quería que yo trabajara, el tenía dos trabajos, pero pensaba en mi hija que estaba por cumplir 15 años y quería seguir estudiando, acá no había escuela secundaria, tenía que viajar y vivir en alguna pensión, así que me enteré que en la escuela necesitaban una persona para hacer una suplencia en la cocina por cuatro días, a los dos días de terminar con esa suplencia, me mandan a buscar porque la otra señora había renunciado, estuve 18 años donde mi sueldo lo pagaba la cooperadora, recién en 1984 me efectivizaron en el cargo".
"Llegué a cocinar para 700 chicos el desayuno y la merienda, estaba sola en la cocina, recién en los últimos años me pusieron ayudante, que era de los planes trabajar".
"A veces me agarraba la desesperación cuando las papas no me hervían o los fideos no se cocían, y se me llegaba la hora de comer, y veía a los chicos que me preguntaban si me faltaba mucho".
"Cuando empecé, la cocina era de esas comunes, como la que tenemos en la casa, luego con el tiempo me trajeron una cocina industrial, antes entraba a las 6 de la mañana, después cuando me efectivizaron, mi horario era de 8:30 a 14:30, las cosas las proveía el gobierno, la cooperadora también hacía su aporte importante".
"A veces me quedaba hasta más tarde colaborando cuando organizaban algún acto para recaudar fondos, pegando afiches o cualquier cosa que pudiera ayudar, me sentía muy a gusto, recuerdo a muchas de las chicas, como a Melita Enrique, Mirta Metzler, con todas las directoras y vice directoras tuve muy buena relación, menos con una que no voy a nombrar, no vale la pena, es una mujer muy egoísta, muy mala, ¡quería que le sacara cosas a las comidas para ahorrar!, no pensaba en los chicos, era muy desconfiada".
"Tengo la gran satisfacción que muchos de los alumnos me recuerdan con mucho cariño, muchos me dicen que extrañan esos guisos que les hacía, a la mayoría no los reconozco, imagínense que ahora son hombres, por supuesto han cambiado su aspecto, ese reconocimiento es algo que guardo en mi corazón, no me lo saca nadie.
El menú por lo general lo hacían las directoras, guardo un gran recuerdo de Nona Enrique, era una persona de gran aprecio, ella siempre decía que si yo estaba en la cocina, era garantía de responsabilidad".
"Recuerdo una época cuando traían fiambres y queso, tenía que preparar los sándwich y las fetas las tenía que cortar con un cuchillo, todavía me quedan los callos, no se porque no pedía que me lo traigan cortado, hasta que un día me dio una descompostura y me agoté y me pusieron una chica para que me ayude".
"Con los compañeros de trabajo nos llevábamos bien, éramos muy compinches, a veces estaba muy cansada o algo afligida y siempre alguno de ellos se contaba algún cuento de esos bien verdes, o cualquier otro tipo de charla, se sabían todo lo que pasaba, que la mujer de fulano se fue con otro, que el vecino tiene amores clandestinos, ¡nombraban a todos, y yo no conocía a nadie! (risas), ahora creo que todo sigue igual ¡o peor!"
"Creo que fue allá por 1989 que casi se cierra el comedor, entre todos llevábamos cosas para que siga funcionando, el gobierno no mandaba las partidas, aunque los comerciantes aguantaban, fue un momento crítico".
"El trabajo dignifica a las personas, es algo primordial en la vida, como dice el dicho; el trabajo es salud, es una gran verdad".
19/1/08
20/12/07

“Frente al Banco Nación, antiguamente había otra farmacia, y en la vereda estaba instalado un buzón. El dueño, que eran medio raro, tenía por costumbre salir a mirar afuera apoyado en este buzón. Pero un día se muda enfrente en diagonal donde luego compré yo, y como no tenía donde apoyar el hombro, solicita y logra que trasladen el buzón a su esquina, donde está hoy, (risas). Recuerdo que a veces también mandaba a algún empleado a las otras farmacias y ver si entraba algún cliente de él, (risas). El buzón después se quemó, resulta que había unos pibes, que estaban fumando, vieron venir a sus padres y pusieron los cigarrillos en la boca del buzón, los cigarrillos cayeron adentro y ¡quemaron todas las cartas!” (Risas).
“Una vez en una clase estaba discutiendo con una alumna, en eso entra la inspectora y cambio totalmente la conversación, ¡los alumnos me miraban y no entendían nada!, observa un poco la clase y después que sale le digo ¡chau mi amor! Y los alumnos se mataban de risa, entonces ella vuelve y pregunta que pasaba: nada-le contesto-, se tropezó la alumna tal y usted sabe que eso mueve a risa; ah bueno me dijo, siga con la clase”.
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Nació el 17 de septiembre de 1923 en Concepción del Uruguay, es farmacéutico de profesión, estudió en el Colegio Nacional de esa ciudad y en la Universidad Nacional de Córdoba. Casado con 2 hijos.
“Me crié en un barrio muy humilde, éramos 3 hermanos, 2 mujeres y yo, mi padre era ruso, de Odesa, al lado del Mar Negro, siempre nos contaba cuando voltearon a Irigoyen, yo tenía 7 años, recuerdo lo que representaba su figura, la gente salía a la calle a festejar, pensábamos que era la revolución del pueblo, pero era un golpe militar, hoy con el tiempo me doy cuenta del error que significó para el país”.
“El peronismo vino a reivindicar los derechos de los trabajadores, yo fui uno de los que combatió a Perón, sin embargo llegue a ser concejal por el peronismo. Son pocos los que conocen la doctrina peronista, es casi un calco del socialismo de Alfredo Palacios, Perón decía: la tierra es del que la trabaja; el combatía al capital, pero al capital salvaje".
"Si pensáramos como verdaderos argentinos, este país no estaría como está, en el año ´58 San Salvador tenía cinco mil habitantes, y hoy está enrejado ¡por favor!”
“Tiempo atrás, el país era un lugar de transito de la droga, ahora es de consumo, antes en el petitorio farmacéutico teníamos cocaína, morfina, heroína y a nadie se le ocurría probar, la alegría o tristeza deben ser naturales, veo como se hacen mezclas de distintas drogas que te destruyen las neuronas, la unidad anatómica del sistema nervioso, ¿Qué hacían nuestros abuelos cuando tenían un problema, que hacían nuestros padres? Lo afrontaban, no lo evadían, la contención comienza en el hogar, hay familias donde mandan más los hijos que los padres. Se han quebrado los valores de la familia, la amistad”.
“Hace 30 años comencé a hablar de sexualidad en el colegio, una madre se quejó a la rectoría diciendo que un profesor hablaba de sexo en clase, le dije a la rectora: no culpe a nadie, fui yo. Una vez vino un inspector con una fuerte fe católica y le pregunte de charlar estas cosas con los alumnos y me dijo: hacé que se interesen y te pregunten; hoy creo que se lo está por dar como materia”.
“Cada lugar tiene su forma de ser, San Salvador llegó a tener 14 molinos arroceros, en un momento me puse a pensar que no se puede vivir del monocultivo, hay que crear otras cosas, San José y Villa Elisa han aprendido algunas lecciones, va en la mentalidad de cada pueblo, el mundo es dinámico, va cambiando, hay que adaptarse".
"Cuando terminé la facultad, me radiqué en Bs. As, conseguí mi primer trabajo en Ramos Mejía, no podía ejercer en Capital porque no tenía habilitado el título, tenía dos horas de viaje de ida y otras tantas de vuelta, era una cadena de farmacias que tenían sucursales en Italia, Chile y otras partes del país, me ofrecieron trasladarme alguna de estas, pero no acepté, porque iba a seguir siendo empleado y no quería eso”.
“Me enteré por unos parientes, que aquí se vendía una farmacia, que era de Abraham Minuchin, así comencé mi relación con la comunidad de San Salvador. En esos tiempos, de un grupo de vecinos; entre los que recuerdo a Cabrera, que era rematador, surgió la idea de crear un colegio, ya que el éxodo de chicos que se iban a estudiar afuera era muy grande, se armó una comisión provisoria y se comenzó a trabajar, tuvimos algunos detractores, que decían que los ladrillos se iban a podrir, y por gentileza de la municipalidad; en ese entonces era intendente Primo Paoloni, nos cedieron el terreno y se comenzó a edificar".
"Durante muchos años tuve el privilegio de conducir el acto de colación de grado del colegio, también integre lo que se llamaba comisión pro festejos patrios, antecesora de lo que después fue la dirección de cultura”.
“Siempre digo que ser jubilado en nuestro país es un castigo más que un premio, hay una regla en biología que dice; todo órgano que no se usa, se atrofia, y me recuerda también unos versos del poeta Pablo Neruda: el amor es corto, pero el olvido es largo, y tiene razón, tenemos una gran capacidad para olvidar, cuando morimos, de a poco se nos olvida. Me llegó el momento de jubilarme y retirarme del colegio y la farmacia y comencé a trabajar en la farmacia del hospital, cinco años estuve y me empezaron a seguir ideológicamente, una ex alumna, por el delito de pensar distinto, como si el hospital fuera un comité y luego quedé afuera, creo que fue una injusticia, di todo lo que tenía a la institución”.
“Una vez a un señor que yo no conocía, con un nivel intelectual muy básico, le dije: todo muere, hasta el amor, y el me contestó: el amor no muere, se transfiere y me dio una gran lección".
"A veces me preguntan como hago para mantenerme tan jovial, no desde lo físico, por que el paso de los años no lo frena nadie, si no de la actitud hacia la vida, yo contesto que una formula es estar rodeado de jóvenes, luchar por algún ideal, ya sea político, religioso o lo que fuere y por sobre todas las cosas, amar las cosas de la vida”.
“A veces me duele la actitud que tienen muchos jóvenes hoy, tirado en la plaza fumando y bebiendo, pero es una responsabilidad de los mayores saber guiarlos y por supuesto de los dirigentes, que sepan crear espacios para que los chicos puedan ser creativos en cosas positivas, esto no se logra con leyes, sino con el ejemplo”.
“Cada uno vive a su manera, creo que hay dos formas de hacerlo, ser individualista o comunitario, no hay término medio, el individualista vive muy bien, vive para él, el comunitario no vive tan bien, porque lo que sería para él, lo comparte con los demás, yo siempre he sido comunitario, no me fue bien en la farmacia porque al pobre nunca le cobraba".
"Tengo el orgullo de haber tenido como alumnos a muchos que hoy son profesionales, entre ellos a quien considero un hijo espiritual, Hugo Berthet; recuerdo que había muerto Perón y los únicos que sabíamos éramos los profesores, entro al baño y el me pregunta si sabia como estaba Perón; lamentablemente falleció, le dije, y se puso a llorar desconsoladamente. El tuvo un gesto conmigo que no lo puedo olvidar, en una oportunidad le dijo a una profesora que los mejores profesores que él tenía eran Greco y yo. Esta va y le cuenta a la rectora, que inmediatamente me cita y delante de los demás me dice que no yo no conduciría más el acto de colación, a lo cual le contesté que ella tenía la rectoría para decidir, pero no voy a permitir que me juzguen mis pares, ante lo cual Corsini (escribano) dijo-tiene razón-. Después se apersonaron Berthet con un grupo de alumnos mocionando que si yo no dirigía el acto de colación ellos no se presentaban, no lo digo como vanidad, para mi fue un aliciente, una actitud que hasta hoy le agradezco”.
“El hombre debe mirar para adelante, el pasado no se puede modificar”.
19/12/07

Felices Fiestas!!!
De izquierda a derecha: José "Kolo" Fabre, Sergio "Fogonazo" Migueles, Fernando "Picko" Jourdán
Dibujo: José "Kolo" Fabre
E-mail: kolo_39@hotmail.com
20/11/07

"En la esquina 3 de Febrero y Avda. Malarín, había una estación de servicio, su dueño era Masurenco, como no dio resultado, entonces la voltean y queda el piso de cemento, se hace una pista de baile en ese lugar. El dueño era Galarraga, dueño también del Hotel Argentino. Se inaugura la pista inmediatamente y había quedado una fosa de casi dos metros de profundidad, que se utilizaba para apagar cal. Y apareció en el baile un gerente de banco recién venido, grandote, de traje blanco. Este iba caminando medio al oscuro, y se calló en la fosa, hubo que sacarlo de apuro, casi se ahoga. Y estaba el petiso Braum que trabajaba en el banco también y le gustaba el copetín, pero no sabía que este iba a ser el nuevo gerente, y le dice burlonamente – ¡cagas… viejo de mier…! – al otro día se presentó como empleado del banco, pero gracias a Dios el gerente no lo reconoció" (risas).
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Nació el 30 de septiembre del año 1921, en Colonia “La Carlota”. Su padre nació en Italia, vino a los 20 años a trabajar a Bs. As., luego vuelve a Italia para traer a sus hermanos y trabajar. En otro viaje más tarde, iría a buscar a sus padres.
“...porque allá en Europa el alimento corría poco. Mi padre se instaló en Bahía Blanca y comenzó a trabajar en la Empresa Calabromberg y Cía. vendía máquinas a vapor. También montaba molinos en las estancias. Se casó con mi madre de apellido Agostini, era un viejo inteligente, lo mandaron a Tucumán como viajante donde vendió ocho motores grandes a vapor. Eran tres veces más grande que el de un tractor, parecidos a los de la locomotora del ferrocarril. Iban encajonados y completamente desarmados. El se encargaba de armarlos y dejarlos en marcha. Vino a vender máquinas a la zona a un hombre de apellido Perlin, de Colón, que tenía mucho campo, y le ofrece a cambio de maquinaria, algunas hectáreas de campo. Se instaló en esta zona, se dedicó a sembrar y criar animales. Somos tres hermanos varones y una mujer, uno mayor, yo soy mellizo con otro que vive en Gualeguaychú. Hacíamos de todo, pero el trigo, el lino eran los principales cultivos. Después con el tiempo también maíz, girasol. Hubo una época de tártago, de ahí se elaboraba el aceite de ricino. Era un poroto colorado o negro que valía el doble que la planta en si. Mi padre invento una maquina con cilindros de goma para ese trabajo. Se sembró poco, dos años aproximadamente, porque era una planta dura con muchas raíces que cuando se secaban era difícil de desmontar y después no se podía arar, tal vez hoy si se hubiese podido hacer con tractores y las maquinarias que hay.”
“Estudié en la escuela de Droz, que hoy ya no existe, no hay más nada, queda una tapera. Llegábamos a pie, porque nos quedaba cerca. Después mi padre compró campo a 7 km. de San Salvador. Yo tenía 10 años, seguimos en la escuela nacional, que en ese entonces estaba ubicada en la esquina de Avda. Colón e Ituzaingó. Nuestro padre nos mandó a la escuela porque quería que nosotros aprendiéramos algo.
Trabajar en ese entonces no era como se trabaja hoy día. Nos levantábamos a las 5 de la mañana con mi hermano, ordeñábamos, terminábamos, nos lavamos, nos cambiamos, nos poníamos el guardapolvo y nos veníamos a caballo a la escuela nacional, volvíamos de la escuela y nos dedicamos arar el campo. En ese entonces se usaba la tracción a sangre, tirados por caballos".
"Hice el servicio militar en Gualeguay, en el Regimiento III de Caballería, que ahora lo trasladaron a Gualeguaychú. Para mi no fue duro hacerlo porque estábamos acostumbrado a la rudeza del campo, yo sabía andar a caballo, para el muchacho mal educado o atrevido, si lo era. Estuve diez meses, me dieron de baja en la primera tanda, y quedaban lo más brutos, hablando en criollo".
"Yo me puse de novio con Alba Continanza en el año 1949. Mi suegro que estaba muy enfermo, me pidió que me casara cuanto antes para hacerme cargo del trabajo en el campo con mi cuñado. Entonces me casé a los 27 años en un salón de la casa donde hoy vivo. Tengo un hijo herrero y una hija que trabaja en el juzgado, ellos tienen sus trabajos. En el campo con peones no se puede trabajar, siempre tiene que andar uno atrás, y hace tres años con mucho dolor vendí el campo, y hoy estamos jubilados con mi señora".
"Si me preguntan ¿te gustaría vivir en el campo?, me voy corriendo. El primero que trajo radio en esta zona fue mi padre, una radio a galena que funcionaba con una piedrita, se ponía en la oreja como el teléfono. Cuando peleo Dempsey y Firpo, se lleno mi casa de gente, yo escuche la pelea y me quedó grabado para siempre. Venía toda la gringada de la vuelta ya que nadie tenía radio".
"Cuando yo era soltero, con mis hermanos Roberto y Leopoldo, el comisario Rufino Benítez y sus dos hijos, fundamos el Club Sportivo San Salvador el 19 de marzo de 1946., no había donde bailar. En ese entonces nos juntábamos en la casa de alguno, o íbamos a la comisaría, y bailamos escuchando radio que transmitían orquestas que tocaban en vivo. Fue ahí que fundamos el club".
"Años después comenzaron a surgir bailes por todos lados de las colonias, había que ir en sulki. Las pistas se regaban a cada rato con sal y agua, ya que la sal mantenía la humedad. Antes las mujeres no usaban pantalones y cuando regaban la pista aprovechaban a sacudirse los calzones que tenían con tierra, (risas)”.
"Antes los gobiernos se ocupaban más del campo, ahora no les preocupa, le interesa la política, lo veo mal. El campo es que te da de comer a Uds., a mí, a todos. Del trigo se fabrica el pan, el maíz, de la hacienda la carne, de la oveja la lana, pero no le dan bolilla".
"Nosotros llegamos a tener mil ovejas, tendría 200 corderos machos, los demás hembras, siempre las donaba a una institución. Teníamos 15 esquiladores trabajando con nosotros. Los campos van a terminar en gente con grandes capitales que vos no sabes de donde son, ni quien son, los están comprando gente anónima para la soja. El presidente que tuvimos de la Rioja vendió la mitad de la Laguna del Iberá a Tomphson. Esa laguna tiene la profundidad y una vertiente de agua bien dulce suficiente para mil años, yo las conocí, es una belleza. El valor que tiene no se compra, tiene la fauna que se busque, y en el futuro se predice que solo va haber agua salada".
"Con Prospero Cabrera, y Mereman (Director de la escuela provincial que funcionaba donde hoy esta la Escuela Nº 9) fundamos el colegio Francisco Ramírez. Nunca tuve un reconocimiento, aquí no hay gente de esa. Con decirte que una vez lloré. Yo siempre iba a ver cuando se recibían todos, me senté en la fila de adelante, alguien se me acerca y me dice, -señor, usted no puede estar ahí, porque esto es para los directores- me levante y me vine llorando, porque ahí se recibieron gente que hoy son abogados, escribanos, grandes personajes. Pero ninguno jamás saco un artículo de eso, ¿para qué? Cuando el Club S.S.S. cumplió 50 años, el presidente del club me invitó a tomar una cerveza, nada más".
"Conseguí el dinero para techar la cancha de básquet, que ni Paraná tenía. Me fui a Gualeguaychú una vez a llevar los chicos a jugar, y vi la única cancha techada de la provincia, y vine con el cuento que quería techar la cancha, nadie me pelaba. Mezclaban la política, o te marginaban, como podía ser que Pancracio un gringo del campo con 3º grado venga y funde un colegio, el Club S.S.S., y después le va a poner techo a la cancha. El único que me apoyaba era el Flaco Barsi que se fue después a Paraná. Después de cuatro reuniones decidieron que si, y el problema era mío, como conseguir la plata, y hable con el gobernador que mandara $1000 para comprar el techo, y $1000 los bancos del colegio. Pedí presupuesto y el techo valía $500, el resto lo usaría para las tribunas. Conseguí que mandarán $1800 en bonos, cuando vine con los bonos todos me planteaban que no servían, que ¿qué iba a ser ahora? Era gente contraria mía y que nunca hizo nada. Me tuvieron con tantas vueltas, demoraban, que cuando compramos el techo costó $1000. Para cambiar los bonos hablé con el escribano Tejera y me los compró a todos para pagar los impuestos. Fue el primer modelo de banco del colegio que compramos”.
Enrique fue Concejal por la UCR del ´73 - ´76. “Presenté un proyecto donde se aprobó la creación de un puente antes de llegar al local de remate, porque no podía llevar o traer las tropas porque se ahogaban los terneros”.


