27/3/09

El vínculo afectivo
A la hora de entablar una relación afectiva las personas se comportan de modos muy distintos. Algunos se muestran desconfiados, evasivos o ansiosos mientras que otros no tienen ningún miedo a abrirse a los demás. Unos parecen esperar el rechazo y otros la aceptación. Pero, ¿qué hace que seamos tan diferentes? ¿Somos igual de seguros o inseguros en la infancia y en la edad adulta? ¿Hemos tenido que aprender a amar?
El amor es un tema que ha dado muchos quebraderos de cabeza, tanto a quienes lo viven como a quienes tratan de investigarlo. Los psicólogos han estudiado esos lazos de amor que nos mantienen unidos a otra persona y le han dado el nombre de vinculación afectiva o apego. Se define como una relación afectuosa, recíproca, activa y fuerte entre dos personas. Son relaciones que proporcionan sentimientos de seguridad y cuando una persona se ve privada de ellas se siente sola o inquieta. Es decir, echamos de menos a la persona a quien amamos (llamada en psicología figura de apego). Esto es algo que no ocurre con otro tipo de relaciones cuya finalidad es proporcionarnos guía, compañía, diversión, oportunidad de compartir intereses comunes, intercambiar opiniones o sentirse necesitado, etc.
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Empezando a amar
La formación de la relación afectiva depende tanto de la madre (o principal cuidador) como del hijo, de manera que ambos están contribuyendo en mayor o menor medida a su desarrollo y mantenimiento. Durante los primeros meses de vida casi cualquier conducta del niño puede promover afecto y ternura en la madre: lloran, sonríen, miran a los ojos, emiten sonidos o balbucean, etc. Este comportamiento empuja a la madre a acercarse y responder a sus necesidades, de forma que el niño se da cuenta de que cuando llora alguien está ahí para consolarlo, darle cariño y alimentarlo. De este modo, va aprendiendo que el mundo es un lugar seguro y desarrolla confianza. (Durante el primer año de vida es imposible mimar demasiado a un niño. El modo de actuar más apropiada es responder en todo momento a su llanto). Más tarde, se sentirá también lo bastante seguro como para empezar a alejarse de su madre y salir a descubrir el mundo que le rodea.
¿Cómo se desarrolla el afecto a través del tiempo?
1. Antes de los dos meses, los bebés se consideran uno con el mundo y responden del mismo modo ante cualquier persona.
2. Hacia las ocho a doce semanas aparecen las primeras señales de cariño: lloran, sonríen y balbucean más ante la madre que ante otra persona.
3. A los 6 o 7 meses empiezan a mostrar ansiedad ante los extraños y buscan a su madre para que les dé seguridad.
4. Hacia los 9 o 10 meses suele aparecer la ansiedad de separación, que perdura hasta los 2 o 3 años. Forma parte del desarrollo normal del niño y sucede porque ya es plenamente consciente de que es un ser independiente y separado de su madre y el mundo.
5. Durante el periodo que va de los 10 a los 18 meses la principal actividad de los niños consiste en explorar el mundo. Pero esta exploración implica también inseguridad; puede sentir miedo y verse amenazado por el ambiente que le rodea. Por eso, antes de adentrarse en el mundo, necesita saber que hay alguien que lo protege y a quien puede recurrir en caso de necesidad y que le dará su apoyo y consuelo.
Por tanto, si el proceso no ha sido adecuado, pueden tener problemas a la hora de lanzarse a descubrir el mundo. La unión con la madre se manifiesta aquí en forma de continuas comprobaciones para asegurarse de que está cerca, entrelazadas con constantes incursiones y exploraciones del ambiente. Este dilema (permanecer junto a la madre frente a explorar) también puede dar lugar a conductas contradictorias. El niño puede seguir a sus padres como una sombra y pegarse a ellos como una lapa y más tarde salir disparado como una flecha tanto alejándose de ellos como en su busca.
Autora: Ana Muñoz, psicóloga, directora de Cepvi.com
12/12/08

Había una vez una isla, en la que vivían todos los sentimientos y valores del hombre: el BUEN HUMOR, la TRISTEZA, la SABIRUDUÍA… Como también todos los demás, incluso el AMOR.
Un día se anunció a los sentimientos que la isla estaba por hundirse. Entonces todos prepararon sus barcos y partieron. Únicamente el quedo esperando solo, hasta el último momento.
Cuando la isla estuvo a punto de hundirse, el AMOR decidió pedir ayuda.
La RIQUEZA pasó cerca del AMOR en una barca lujosísima y el AMOR le dijo:”Riqueza, ¿me puedes llevar contigo?”
RIQUEZA:“No puedo porque tengo mucho oro y plata dentro de mi barca y no hay lugar para ti”-contestó.
Entonces el AMOR decidió pedirle al ORGULLO que estaba pasando en una magnífica barca,
AMOR: “Orgullo te ruego, ¿puedes llevarme contigo? ”
ARGULLO: “No puedo llevar Amor… aquí todo es perfecto, podrías arruinar mi barca.”
Entonces el AMOR le dijo a la TRISTEZA que se estaba acercando: “Tristeza te lo pido, déjame ir contigo.”
TRISTEZA: “Oh, Amor estoy tan Triste que necesito estar sola.”
Luego el Buen Humor pasó frente al AMOR: pero estaba tan contento que no sintió que lo estaban llamando.
De repente una voz dijo: “Ven AMOR, te llevo conmigo”, era un viejo el que lo había llamado.
El AMOR se sintió tan contento y lleno de gozo que se olvidó preguntarle el nombre al viejo. Cuando llegó a tierra firme, el viejo se fue.
El AMOR se dio cuenta de cuanto le debía y le preguntó al SABER: “Saber, ¿puedes decirme quién me ayudó?”
SABER: “Ha sido el tiempo”-respondió.
AMOR: “¿El Tiempo? ¿Porque será que el Tiempo me ha ayudado?”
El SABER lleno de sabiduría respondió: “Porque el Tiempo es capaz de comprender cuan importante es el AMOR en la vida.
30/10/08

Perdí un juguete que me acompañó en mi infancia, pero gané el recuerdo del amor de quien me hizo ese regalo.
Perdí mis privilegios y fantasías de niño, pero... pero gané la oportunidad de crecer y vivir libremente.
Perdí a mucha gente que quise y que amo todavía... pero gané el cariño y el ejemplo de sus vidas.
Perdí momentos únicos en la vida porque lloraba en vez de sonreír... pero descubrí que sembrando amor, se cosecha amor.
Yo perdí muchas veces y muchas cosas en mi vida... Pero junto a ese "perder" hoy intento el valor de "ganar"... Porque siempre es posible luchar por lo que amamos, y porque siempre hay tiempo para empezar de nuevo.
No importa en que momento te cansaste. Lo que importa es que siempre es importante y necesario recomenzar... Recomenzar es darse una nueva oportunidad, es renovar las esperanzas en la vida y lo más importante... creer en ti mismo.
¿Sufriste mucho en este período?... fue aprendizaje.
¿Lloraste mucho?... fue limpieza del alma.
¿Sentiste rencor?... fue para aprender a perdonar.
¿Estuviste solitario en algún momento?... fue porque cerraste la puerta.
¿Te sientes solo?... mira alrededor y encontraras mucha gente esperando tu sonrisa para acercarse más a ti.
Hoy es un excelente día para comenzar un nuevo proyecto de vida. Mira alto, sueña alto, anhela lo mejor de lo mejor, anhela todo lo bueno, que la vida nos trae lo que anhelamos.
Si pensamos pequeño, lo pequeño nos vendrá. Si pensamos firmemente en lo mejor, en positivo y luchamos para alcanzarlo, va a venir a nuestra vida.
Arroja lo malo a la basura, limpia tu corazón y haz que estés listo para una nueva vida, para un nuevo amor, porque además somos la manifestación del amor.
Confía en la vida... confía en ti.
Y principalmente... confía en DIOS.
15/10/08

La noción de confianza ha devenido el valor central de nuestras inquietudes y preocupaciones actuales. Es aquella que permite establecer los lazos interpersonales y sociales que hacen al armazón de una estructura comunitaria estable y potente.
No es posible organizar un proyecto, es decir un salto al mañana, sin que un conjunto o grupo sea su protagonista, y para que éste se consolide debe circular entre sus miembros justamente la confianza.
El trabajo creativo, aquel que convierte los deseos en logros, se apoya en el reconocimiento del otro y en el intercambio fructífero de las partes. Estamos hablando de enseñanza, aprendizaje y consolidación de la experiencia. Es su vigencia la que nos hace sentir acompañados, habitantes de un espacio de pertenencia común y con horizontes compartidos que testimonian vínculos solidarios y reaseguradores.
Estoy hablando de la seguridad humana donde un sujeto siente y sabe que existe para el otro y donde el perfil individual no es la última frontera de nuestro ser. Estoy refiriéndome a la trascendencia humana que genera el encuentro y éste se aloja en un ámbito donde imperan la norma, el esfuerzo (que no quiere decir sacrificio) y la confianza de la que hablamos hoy.
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Hace un tiempo propuse la idea de amistad cívica como el campo donde se desarrollan las condiciones necesarias para alcanzar un intercambio integral que está asociado no sólo a resultados económicos y materiales sino también a la creatividad e interés que hacen a la felicidad de una sociedad.
La desconfianza ha dañado y daña a esa cualidad paradigmática del ser humano que es la imaginación. La innovación exige más allá de la razón una dosis de audacia que requiere para su ejercicio un marco de contención y de apoyo que permita explorar territorios hasta ese momento desconocidos; de eso se trata el descubrimiento. Un pilar insustituible de esa estructura es la confiabilidad, aquella que en la historia subjetiva de cada individuo debe brindar la familia.
Los valores están íntimamente articulados a nuestra temática y voy a referirme ante todo a la verdad, aquella que desnuda encubrimientos adormecedores y que nos fortalece frente a futuros desafíos. Como lo hicieron aquellos pensadores importantes un interlocutor al que nos podemos aliar es aquel que con su pregunta nos escucha y cuestiona.
Representa al amigo que me respeta y en el que puedo apoyarme poniendo sobre la mesa la íntima asociación entre amistad, ya sea individual o social, y la confianza.
Aunque no podemos extendernos en este artículo recordemos que esos otros valores fundamentales como son la libertad y la autonomía exigen de su presencia; porque el pasaje de la dependencia infantil a la interdependencia madura crece en el vínculo privilegiado con el semejante.
Cuando una sociedad no ha logrado construirla y alojarla en su seno florecen tensiones persecutorias que llevan al aislamiento y reactivamente a la violencia. La angustia se convierte en la gran protagonista porque compartir pasa a ser un verbo desterrado y el optimismo lúcido deja su lugar a la expectativa ansiosa y en algunas coyunturas catastrófica.
Pero tengamos claro que la confianza la debemos construir en la relación entre nosotros y no esperar que llegue por generación espontánea. Es un proceso activo que nos exige sanamente y nos retribuye con creces. Tiene que ver con identidad, porvenir y bienestar integral.
Por José Eduardo Abadi - Médico psiquiatra, psicoanalista y escritor.
21/9/08

Si por un instante Dios se olvidara de que soy una marioneta de trapo y me regalara un trozo de mi vida, posiblemente no diría todo lo que pienso, pero en definitiva pensaría todo lo que digo.
Daría valor a las cosas, no por lo que valen, sino por lo que significan.
Dormiría poco, soñaría más, entiendo que por cada minuto que cerramos los ojos, perdemos sesenta segundos de luz. Andaría cuando los demás se detienen, despertaría cuando los demás duermen, escucharía cuando los demás hablan y como disfrutaría de un buen helado de dulce de leche.
Si Dios me obsequiara un trozo de mi vida, vestiría sencillo, me tiraría de bruces al sol, dejando descubierto no solamente mi cuerpo, sino mi alma.
¡Dios mío!… si yo tuviera un corazón, escribiría mi odio sobre el hielo, esperando que saliera el sol, regaría con mis lágrimas las rosas, para sentir el dolor de sus espinas, y el encarnado beso de sus pétalos.
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Dios mío, si yo tuviera un trozo de mi vida… no dejaría pasar un solo día sin decirle a la gente que la quiero. Convencería a cada mujer u hombre que son mis favoritos y viviría enamorado del amor.
A los hombres les probaría cuan equivocados están al pensar que dejan de enamorarse cuando envejecen, sin saber que envejecen cuando dejan de enamorarse.
A un niño le daría alas, pero le dejaría que el solo aprendiese a volar. A los viejos les enseñaría que la muerte no llega con la vejes, sino con el olvido. Tantas cosas he aprendido de ustedes. He aprendido que todo el mundo quiere vivir en la cima de la montaña, sin saber que la verdadera felicidad esta en la forma de subirla. He aprendido que cuando un recién nacido aprieta con sus pequeño puño por primera vez el dedo de su padre, lo tiene atrapado para siempre.
Siempre di lo que sientes, y haz lo que piensas. Si supiera que hoy fuera la última vez que te voy a ver dormir, te abrazaría fuertemente y dejaría al señor para poder ser el guardián de tu alma.
Si supiera que esta fuera la última vez que te vea salir por la puerta, te daría un abrazo y un beso, te llamaría de nuevo para darte más. Si supiera que esta fuera la última vez que voy a oír tu voz, grabaría cada una de tus palabras para poder oírlas una y otra vez indefinidamente. Si supiera que esto son los últimos minutos que te veo diría “te quiero” y no asumiría, totalmente ya lo sabes.
Siempre hay un mañana y la vida nos da otra oportunidad para hacer las cosas bien, pero por si me equivoco y hoy es todo lo que nos queda, me gustaría decirte cuanto te quiero, que nunca te olvidaré.
El mañana no les esta asegurado a nadie, joven o anciano, hoy puede ser la última vez que veas a los que amas.
Por eso no esperes más, hazlo hoy, ya que si el mañana nunca llega, seguramente lamentaras el día que no tomaste tiempo para una sonrisa, un abrazo, un beso, y que estuviste muy ocupado parar concederle un último deseo. Mantén a los que amas cerca de ti, diles al oído la mucho que lo necesitas, quererlo y tratarlo bien, toma tiempo parar decirles lo siento, perdóname, por favor, gracias y todas las palabras de amor que conoces.
Nadie te recordará por tus pensamientos secretos, pide al señor la fuerza y sabiduría para expresarlos, demuestra a los que amas cuando te importan.
Si no lo haces hoy, el mañana será igual que ayer. Y si no lo haces nunca, tampoco importa. Ponle acción a tus sueños, el momento es este...
Oscar Challiol
17/7/08
9/6/07

Hay un círculo natural, al que pertenecemos, que es el que constituye la familia. Originariamente un ser nacía y se incorporaba a ese circulo, pero de manera transitoria. Hoy, el ejemplo mas claro lo vemos en los animales. Un animal nace y se suma al círculo de su madre.
Esta da hasta la vida por defenderlo, se ve en casi todas las especies. Pero, al crecer y adquirir identidad propia, deja de pertenecer a ese circulo originario. Primitivamente el hombre era también así. Luego se fue como puliendo y cobrando sentido la relación "familiar" y se constituyo en el clan, el grupo, la familia, la tribu, desde distintas etapas, dimensiones y alcances.
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Entonces el individuo pasó a tener otro Status: el que determinaba la familia a la cual pertenecía. Era una cuestión social, de poder, pero social, con base sólida en la cultura del grupo. Hoy esa cuestión que diferencia es, también, de poder, pero es económica, ya no tiene base cultural. Hoy un individuo, o su familia, o su grupo, aplastan y subyugan a otros por la plata, o el dinero, que tienen y no porque son mejores, o mas preparados.
Antes existía un concepto cultural que se impregnaba a todos los componentes del grupo. Todos tenían la misma oportunidad y como es natural, unos la desarrollaban más y mejor que otros, y por eso, prevalecían en la guerra, en la caza, y en las actividades que desarrollaba. Pero en forma natural.
El jefe era, sino el mejor, al menos el mas fuerte, el mejor preparado para la lucha, para soportar las inclemencias que debía padecer el grupo. Entonces era aceptado por los demás de manera natural, sin ninguna reparo. Aparecía, así, el principio de autoridad. El principio de autoridad desciende del mérito. El mérito es hijo del ingenio y la virtud. Desde niños todos se formaban en el arte de la vida, de la acción. La escuela común era la actividad propia de todos y la transmisión de los conocimientos era para todos igual. Todos aprendían lo mismo y de la misma manera.
La capacidad individual de cada uno hacia la diferencia. No existían privilegios ni condiciones especiales. Luego, al nacer la monarquía y con ella, la nobleza, todo esto pasó al olvido, aparecieron las prerrogativas de sangre y después las de la fortuna familiar. El dinero reemplazó al talento y a la capacidad. Comenzó el reinado de la intriga. Y todos perdieron la tranquilidad.
El débil porque en su debilidad, creía más fuertes a los poderosos de lo que en realidad eran. Los poderosos porque, en su interior, conocían las tretas propias de los intrigantes para procurarse poder: ellos las habían utilizado. Así esta hoy el mundo, gracias a los abusos que, hombre contra hombre, la humanidad propuso, consumó y toleró. Dejémos de actuar hipócritamente, hagámosnos cargo de nuestras acciones. Dejémos de decir una cosa y hacer otra distinta. Somos incoherentes porque privilegiamos el poder del dinero por sobre todas las cosas. Adoramos al ídolo más falso, en lugar de adorar al Dios verdadero. Y lo hacemos sin medir ninguna consecuencia.
La humanidad entera sufre las consecuencias de un accionar egoísta y perverso. Sin más meta que la muerte en el averno. Definitiva. Total. Y matamos la esperanza de todos los que, poniendo su esperanza en nosotros, se alejan de Dios para morir irredentos y sufrientes; estériles.
Con una esterilidad ganada al precio de la propia dignidad, dilapidada en aras de una realidad que marca el signo contrario al que El Creador puso en Su creatura principal: Su imágen y semejanza. No hallamos a Dios en nuestro interior. Lo hemos desalojado. Nos hemos vaciado de Él.
No lo encontramos en nuestros hogares, lo expulsamos, cambiándolo por todo aquello que Satanás nos ofrece: TV; música sin sentido; alcohol; drogas; violencia; fornicación; prostitución; ya no ponemos nuestra vida en Sus Manos; ya no llevamos Sus Sacramentos; ya abandonamos nuestra necesidad de Dios. Lo cambiamos por el mundo. Ese mundo en el que tenemos que vivir, pero no ser de él...
Cuando Dios comenzó su relación con Su Pueblo; cuando comenzó a formarlo y darle identidad; cuando lo liberó de Egipto y la esclavitud; cuando lo llevó a la Tierra Prometida; cuando, en fin, estableció Su Pacto con Su pueblo y cuando lo ratificó por toda la eternidad por medio de Jesús, Su Hijo, en Su Gloriosa Pasión, allí, Dios, estableció el círculo, su círculo, el círculo de los Hijos de Dios, el círculo de Su Familia, ese es el círculo al que pertenecemos, por toda la eternidad, si somos capaces de poner en obras El Evangélio que Jesucristo nos enseñó, ese que consiste tan solo en la transmisión de la "Buena Noticia del Reino": "...conviértanse que ya está cerca el Reino de Dios...". Hagamos, hoy, nuestro compromiso fundamental: no abandonar, por la seducción del pecado, por la vida fácil, por los placeres del mundo, el círculo de la Familia de Dios. Seamos fieles a Él.
No lo abandonemos por debilidad, porque el infierno será nuestro destino. Decía un Santo, que creo era San Esteban, que sin tentación no hay santidad. Quiere decir que llegar a ser santo solo depende de nuestra fortaleza basada en la FÉ. Recordemos: "...Ante el placer de morir sin pena, bien vale la pena el vivir sin placer...". Aunque nunca lleguemos a santos, el primer paso es reconocernos pecadores.
por José A. Elli
13/5/07
16/4/07
- Recién después de casi 40 años de su fundación, San Salvador tuvo su parroquia. Su principal impulsor fue el padre Belgamero. Existían otras capillas pero pertenecían a familias del pueblo, entre ellas la del fundador “Miguel P. Malarín”.

