30/6/08


Defender intereses, nos lleva muchas veces a enfrentarnos a situaciones conflictivas con quienes menos alguien espera, es ahí entonces donde suele aparecer la naturaleza oculta de cada uno de nosotros. Esto no debería ser ninguna extrañeza, el instinto de supervivencia humana obliga a optar por las estrategias para conservar las cosas que consideramos que mucho nos han costado lograr.
Determinar cuales de los logros obtenidos en un espacio de tiempo, son realmente importantes, obedece a varios factores, (sentimentales, económicos, históricos, etc.), que nos impiden muchas veces evaluar la verdadera elección del camino a tomar.
Hay quienes dejándose llevar por lazos afectivos resignan objetivos, otros toman el riesgo y priorizando tal vez un bienestar a futuro aceptan el desafío de ir por más, por supuesto que siempre hay algo que perder y algo por ganar, lo difícil es saber cuanto es lo que dejamos y lo que obtuvimos. La actitud asumida es importante y en gran medida determinante en la calidad y cantidad de lo que queremos.
Despojarse de los egos es un muy buen primer paso para mirar alrededor, y permitir y permitirse ver, si lo que defendemos tiene un sustento avalado con argumentos, o simplemente es el miedo a lo que supuestamente pueda suceder, lo que nos hace ladrar palabras al aire; vacías, catastróficas, dominadas por la incertidumbre que nos causa la ignorancia.
El éxito ya es hacer cada día un poco aquello que nos gusta, poder compartirlo y expandirlo, generando vínculos de intercambio y un estado de satisfacción, porque al fin y al cabo, el mayor interés a defender, es el derecho a la vida digna.

“A la humanidad no la guía la razón, sino el deseo.”
Sigmund Freud

20/5/08



“De todos los lugares que visité, el mejor trato lo tenían los alemanes, eran gente muy amable, en Francia, se me dio por enamorarme de una piba, después me tenían de loco bailando con las nenas (risas), otro lugar que estuve es Nueva York, ahí estaba con un compañero de apellido Percara, y de repente vino un tipo y me pegó una piña bien pegada, me noqueó, había una piba hablando conmigo y parece que le dio celos, apareció de repente, no me dio tiempo a nada, cuando reaccioné, mi compañero estaba repartiendo piñas para todos lados y la nena había disparado (risas)”.

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“Nací el 1° de mayo de 1909 en Colonia Nueva, dto. Colón, como Laurindo Federico José Novelli Guillaume, mis padres eran colonos, éramos 5 hermanos, se vivía otra vida, en el año ´27, coseché 100 fanegas de lino y me pagaron 2800 pesos, me compré un Chevrolet con rueda de disco, de esos colorados, que lo pagué 2000 pesos, me sobraron 800 pesos, ahora andá a comprar con una cosecha de 100 fanegas de lino algo”.
“Me acuerdo que vino el Príncipe de Gales, andaba paseando en el tren, era el año ´25, también el avión Plus Ultra de Ramón Franco, en el año ´26. Cuando tenía 24años me metieron de presidente del partido radical, me gustaba la política”.

“La vida en la colonia era lindísima, muchos hablan de la miseria de los años ´30, pero nosotros no pasamos necesidades, me acuerdo que el litro de vino salía 60 centavos, se lo comprábamos a un tal De Lorenzi, que después se vinieron a vivir para esta zona, la nafta valía 20 centavos, el pan valía 20, la carne 15 centavos. Todas las semanas iba en motocicleta desde la colonia hasta Concepción del Uruguay, a jugar a la lotería, era todo camino de tierra, un viaje largo pero lindo”.

“La escuela la hice en la colonia, escuela Nº 7 Tomás Godoy Cruz, hace poco me volví a juntar con un ex compañero de la escuela, Juan Lifchild, tiene 104 años. Un 3 de marzo me embarqué de Concordia hasta Río Santiago, donde me incorporé a la marina, en el mes de octubre salimos para Mar del Plata y después recorrimos todo el sur hasta junio del otro año. Conocí toda la costa, hasta el Faro del Fin Del Mundo que le llaman, en la isla De Los Estados, también Ushuaia, donde estaba el trencito que todavía anda, lo usaban para llevar los presos de una cárcel, ahora creo que lo usan para el turismo”.

“Había una isla que estaba llena de conejos silvestres, me llamaba mucho la atención eso, en ese lugar gané una medalla por un concurso de tiro, les gané a todos los guardia cárceles, que eran todos correntinos, yo me la pasaba tirando en el campo, así que no me resultó difícil”.

“Estuve también en la cañonera Paraná, participé el 6 de septiembre de 1930 en la revolución de Uriburu. Nunca me voy a olvidar cuando el vicepresidente de Uriburu nos vino a despedir antes de zarpar, yo era ordenanza del comandante, era el 10 de octubre, fuimos hasta el sur y volvimos en noviembre y salimos para Pernambuco en Brasil, tardamos 19 días, mirá si me acuerdo, después llegamos a Natal, un lugar maravilloso, gran cantidad de barcos y de frutos como el ananá y dátiles, en este lugar me metieron preso porque traía una bolsa llena de dátiles (risas), pero no había robado, solo lo saqué de las plantas silvestres del lugar, después me largaron”.

“De Brasil nos fuimos para Casablanca, ahí conocí el desierto del Sahara, así que pisé el desierto, desembarcamos en una lancha, éramos 34 cadetes que teníamos instrucción, desde la fragata nos tiraban cañonazos, eran ejercicios de entrenamiento. Desde ahí nos fuimos a Southampton, en Inglaterra. Después seguimos a Bremen, Alemania, un lugar lindísimo, en Hamburgo también estuvimos, regresamos de nuevo por el Canal de la Mancha hasta Boulogne – sur- Mer y después paramos en un arsenal grandísimo en Brest, Francia”.

“Estuve en París, cuando era chico, había soñado que conocía la torre Eiffel, y de repente me encontraba tomando mate con el almirante a los pies de la torre, es como que el sueño se me hizo realidad”.
“En Hamburgo, desertaron 3 compañeros, conocieron unas chicas y no quisieron volver, se quedaron allá”.

“En altamar, todas las noches se cantaba el himno y la marcha de San Lorenzo, comíamos bien, todo se hacía arriba del barco, había una panadería a bordo y lavadero de ropa, las bodegas estaban llenas de comida como para 40 días, yo llegué a pesar como 85 Kg.”

“El 5 de julio del año ´31 atravesamos la línea del Ecuador, llegamos a Río De Janeiro y de ahí volvimos a Bs. As, el 28 de noviembre y me dieron de baja, 1 año estuve embarcado, volví con mis padres a la colonia a trabajar, sembrábamos trigo, lino, avena, maíz, criábamos gallinas, teníamos como300 conejos, arábamos con bueyes, no podían faltar los chanchos, la grasa la usábamos para cocinar, no había aceite”.

“La mejor diversión de la época eran los corsos, ahí conocí a mi señora, que era de la zona de San José, también la familia Boujón organizaban bailes en la colonia”.
“Compré 50 has cerca de San Salvador, recuerdo que un año saqué 2000 bolsas de muñato, maní también planté, llevaba hasta Colón en carro y vendía todo ahí, en el año ´47 también sembré arroz, unas 25 has, las taipas se las hacía a pala y la cosecha se la hacía a mano, cortada con la hoz, para secarlo hacíamos una especie de caminitos, como tarimas, movíamos el arroz con los pies, eso era con temperatura ambiente”.

“Mis 4 hijos nacieron en San José, pero vivíamos acá en el campo, cuando tenían que empezar la escuela, me mudé al pueblo, el 4 de junio del ´52. Hice muchos amigos, la mayoría ya no viven, con el que me veía siempre era con Córdoba, que el hijo creo que trabaja en la Municipalidad, pero ahora hace mucho que no viene”.

“Fui uno de los fundadores del club Ferro, junto con el que era jefe de la estación, Pedro Duré, un empleado de apellido Morales, Facundo Luna, Delzart, Schlegel, la mayoría trabajaba en el ferrocarril, creo que fue en el año ´62, no recuerdo bien”.
“Me gustaban mucho los corsos que se hacían en la calle Hipólito Irigoyen, también los bailes que se hacían en el salón Fraternidad, me dio una lástima cuando lo rompieron, venían muchos artistas, se hacían cumpleaños y casamientos”.

“Yo me siento fuerte, cuando me levanto, siempre me tomo una medidita de ginebra, 3 traguitos nomás, hago algo de gimnasia cuando no me ven porque me retan (risas), dicen que me puedo caer, tengo alguna recetas caseras, a veces me pican los pies y me los lavo con vinagre y sal ¡y santo remedio! Lo mismo que para el dolor de cintura, uso aguarrás y ruda, y no tengo ningún problema”.

“Hay muchas cosas que ignoro, hay otras que se y no se pueden contar, pero las aguanto, la vida está llena de misterios”.

19/5/08


¿Cuál es el colmo de un árbitro? Que los jugadores le toquen el pito...


Dibujo: José "Kolo" Fabre
E-mail: kolo_39@hotmail.com

20/4/08


“En casa teníamos una cocina a leña, una tía que le gustaba cocinar nos vino a visitar para el cumpleaños de uno de mis hermanos, y se puso a hacer una torta de chocolate, nosotros estábamos ansiosos para comerla, ella tenía por costumbre, cada dos palabras agregarle, ejemplo querida, como diciendo que tengamos paciencia, cuando la terminó y nos dio la porción a cada uno, empezamos a escupir la torta, ¡tenía un gusto a querosén terrible! Ella nos decía ejemplo querida, sáquenle lo que tiene gusto a querosén y coman lo otro (risas), le había puesto querosén a la leña para prenderla”.
“Mi papá era muy bruto para manejar, agarraba pozos, piedras, no ponía mucho cuidado, yo soy muy miedosa, un día nos llevaba atrás de la camioneta a pasear, iba con mi hermana menor con un vestidito blanco, ni bien arrancó la tiré a mi hermana y atrás fui yo, caímos en un lugar lleno de cenizas, estábamos irreconocibles”.

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“Nací en Rocamora, dto. Uruguay, mi papá trabajó un tiempo en el ferrocarril y también era carnicero, pero luego decidió irse a trabajar a Colón, solo; tiempo después nos trasladamos toda la familia junto a el, yo tenía 8 años, éramos 6 hermanos, fue duro adaptarme porque extrañaba mucho a mis abuelos, nosotros vivíamos en el campo y teníamos otro estilo de vida”.

“La escuela primaria la hice en la Nº 60, que construida en el mismo año que la 61 actual Nº 2 de acá, cuando terminé 7mo grado, me dieron el premio a la mejor compañera y mejor alumna, pero me quedó un sabor amargo, porque todos los años el Rotary Club entregaba medallas de reconocimiento y ese año no lo hizo, me dieron unos libros y de rabia los quemé (risas)”.

“Colón ha cambiado muchísimo, me siento rara en el lugar donde me crié, cuando voy quiero volverme enseguida a San Salvador, en una oportunidad nos habíamos ido una semana a Córdoba, y nos olvidamos las puertas de mi casa abiertas, los vecinos se encargaban de cuidarla y no faltó absolutamente nada, hoy eso es algo imposible.”

“Siempre me encantó la lectura y todo lo que tenía que ver con las manualidades, a pesar que en casa eso no era lo habitual, a los trece años gané mi primer concurso literario que fue organizado por radio Colonia de Uruguay, era una novela, podía participar cualquiera que tuviera inquietudes literarias, el premio era un terreno en Bs. As, como no podía viajar a recibirlo, les envié una carta explicando mi situación y si me podían cambiar el premio, nunca pensé que se iban a venir hasta mi casa, hablaron con mi papá porque yo era menor, el tenía que pagar la escritura, ahí aparece esos que nunca faltan diciendo que tenga cuidado, vaya a saber donde era el terreno, seguro que es en un charco y todas las cosas malas que se puedan imaginar, así que me quedé con las ganas de recibir el premio”.

“Tenía quince años cuando terminé la escuela técnica, hice el secretariado comercial, después comencé a trabajar en la galería El Greco, sobre calle 12 de Abril, haciendo artesanías, con Pino Casanovas trabajé en cuero, me encantaba ese trabajo, toda la parte de costura y pirograbado pasaba por mis manos, siempre rodeada de gente grande, no tenía amigas de mi edad, por esos días mi diversión eran los libros.”

“Siempre he tenido imaginación, si hubiese sido por una profesora del secundario, no hubiese escrito nunca, es bueno que a uno lo critiquen, porque de ahí se aprende, te permite mejorar cuando lo hace gente que sabe, pero esta mujer tenía como algo contra mí, todo lo que yo hacía lo criticaba mal, pienso que a lo mejor lo hacía desde sus frustraciones, pero me sirvió porque me hizo más perseverante y tener una postura más firme sobre las cosas que hago y considero que están bien y no dejar que los otros te tiren abajo lo que haces.”

“He trabajado con distintos materiales, con hoja palma, hueso, cestería, vitraux, falso vitraux, pero con la pintura y el modelado me siento más cómoda.”
“A los 35 años me vine a vivir a San Salvador, me costó adaptarme, las costumbres de un pueblo al otro son muy distintas, por ejemplo si la gente tenía que hacer media cuadra, tenía que arreglarse, yo venía de un lugar donde la gente vistiera como vistiera, no la hacía mejor o peor persona, no te cambiaba una pinturita tu forma de ser, no te hacían diferencia por eso”.

“He recibido muchos premios, pero el que considero uno de los más importantes para mí, pero que no tuvo demasiada repercusión, fue el de la 10ma Fiesta Provincial de la Poesía, donde competí con varios escritores que llevaban editados varios libros y me otorgaron una mención especial, había escrito “Hombre de los arrozales”, era la época donde el arroz no valía nada, esta fiesta se hizo acá, era Director de Cultura Marcelo Barreto, después gané en Colón con una narrativa y en Centenario gané con poesía, también el que la mayoría de la gente conoce que es el de la creación de la bandera de San Salvador, que lamentablemente casi no se usa en los actos.”

“Siempre ando pensando proyectos, estoy trabajando en mi 5to libro, ninguno de los anteriores tiene presentación, el primero se llama “Zilef”, que es feliz al revés, un poco lo que ha sido mi vida hasta estos días (risas), nunca he tenido la oportunidad de editarlos, tiene un costo que no estoy en condiciones de afrontar, el segundo es “Cuentos para Dane”, que son cuentos y leyendas de la zona, después escribí “Paisaje Violeta”, que son poesías, “Cuentos para Dariel” es el cuarto, y el que estoy escribiendo “Eritro en libertad”.

“La pintura es algo que ocupa mucho mi cabeza, me encanta hacerlo, soy autodidacta, lo que pinto tiene que ver como me siento en ese momento, va variando la temática.”

19/4/08


Vamos quedando pocos... yo, Marcos y Juan.


Dibujo: José "Kolo" Fabre
E-mail: kolo_39@hotmail.com

20/2/08


“En una oportunidad estábamos dando serenatas; serenatas de respeto que se le llamaban, para la noche buena, había acordeón, bandoneón, guitarras y cantores, se cantaba en alguna ventana y esperábamos que nos dieran alguna botella, nunca faltaba el que quería atropellar primero para agarrar el obsequio, nosotros cantábamos y nos retirábamos, sorpresa se llevó cuando vio abrir la ventana y fue a recibir el regalo, ¡le tiraron con una escupidera llena de orín! Corriendo se fue a la casa a bañarse y sacarse el olor, nunca más jugo de comedido”.


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“Nací, me crié y me malcrié aquí en San Salvador, hace 64 años, durante 40 años viví en la calle Primera Junta; una calle de artistas se decía en ese entonces, como Mario Jourdán, un bohemio tremendo, también yo tenía el Tango Bar, que funcionaba en mi misma casa, era refugio de trasnochadores, todas las noches había una viola un bandoneón, cantores, venían músicos de otros lugares como el Cítara Trío de Concordia, Héctor Apeseche de Yumba 4, Telmo Follonier y tuve la suerte de cantar con los mejores fuelles de la provincia, los hermanos Salvador, los hermanos Crossignani de Concepción del Uruguay, Edmundo Cosentino de Villaguay, Rivero de Paraná, me di mi pequeños grandes gustos".

"Empecé a cantar desde muy chico, las primeras actuaciones fueron en la escuela, me subía arriba de una silla y cantaba, el tango era algo que se escuchaba mucho en casa, tanto mi padre como mi madre eran muy tangueros, también mis hermanos mayores, mi papá era muy bailarín de tango".

"Mucha gente me conoce por Carlos Tamayo, el origen del nombre viene porque en los años ´20, había en la zona un malandra que le llamaban Tamayo Gavilán, y mi papá tenía un gran parecido físico con el, entonces un tachero (taxista) colega, que en ese entonces eran autos de alquiler, lo bautizó Tamayo Gavilán, de ahí que muchos me conocen con ese nombre".

"Mi debut ante un público grande lo hice cuando tenía 13 años, en la escuela 104 de Lucas Sud, con los hermanos Torres Castagnino, entre ellos don Ramincho, que es quién me enseño a cantar y me echó montón de veces, el veía que yo tenía voz y no la largaba, así que al otro día volvía, y le decía: don Ramincho, ¿quiere que le cebe unos mates? (risas). El grupo era don Ramincho en bandoneón, don Lorenzo y Pocho en guitarra, y Yoyo en la batería, el grupo se llamaba típica y característica Renacimiento, estuvimos alrededor de 5 años, hasta que me fui a hacer el servicio militar".

"Cuando regrese, estuve con los hermanos Casse, don Benito, don Ovidio, don Cipriano, y don Elvio Rey, la orquesta se llamaba Santa Cecilia, eso fue en el año ´65, también fue integrante Luís Gómez en acordeón".

"Después me voy a Bs. As, en el ´71 me va a buscar Edmundo Segón y Cirito Romero, yo trabajaba de mozo, era mi último año en la ciudad, ellos tenían los Cinco Sonidos y querían formar Tango Cinco, sería algo así como dos bandas en una, Cinco Sonidos era todo característica y melódico con Edmundo Segón en los teclados, Oscar Morén en el bajo, Cirito en guitarra, carancho González en la batería y Jorge Santos como cantante, luego bajaban el baterista y el cantante y subíamos el topo Caire y yo, era una época que se trabajaba bien, los bailes se llenaban, las orquestas tocaban mucho, hacían una presentación de 2 horas, descansaban media hora y se volvía a tocar otras 2 horas mas, no había disk-jockey, los bailes de Lucas Norte comenzaban a eso de las 9 de la mañana hasta el otro día a las 7 u 8, ¡con piso de tierra! Pero todo era diversión".

"Cuando salgo de Tango 5, alguien me contacta con la organización del primer festival provincial del tango, en Rosario del Tala, con proyección nacional; los que ya habíamos cantado en alguna orquesta nos contrataron como profesionales y después estaban los que iban como aficionados, dentro de los profesionales éramos treinta y dos y gané, llegué a la final con un muchacho de Gualeguaychú, eso fue el 4 de enero del ´75, el premio era plata, que sí cobré y la grabación de un disco que me la cambiaron por actuar en el teatro Astral de Bs. As en septiembre de ese mismo año, canté al lado de Edmundo Rivero, Alberto Morán, ¡cantores de aquellos! A mi temblaban los garrones (risas), imagínense el teatro con los balcones llenos, un escenario inmenso, un despliegue de gente y luces, fue una gran satisfacción, en los camarines Edmundo Rivero se acercó y me felicitó, yo estaba ancho como alpargata e´croto".

"También incursioné haciendo folklore, con los Achalay, ganamos varios concursos, el grupo lo formó Cholo Echeverría, profesor de baile y guitarra, el ruso Nikel que era empleado bancario, Bochón Lagos y yo, esa fue la primera formación, después también la integraron el Totito Ordóñez y Martín Santos".

"Tuve la posibilidad de cantar en el programa de Silvio Soldán “Grandes Valores del Tango”, superé la prueba pero nunca me llamaron, así como yo, había muchos esperando su oportunidad".

"Viviendo en Bs. As tuve la oportunidad de cantar en varias cantinas, el tango era muy popular, los locales se llenaban de gente para bailar y ver a sus artistas preferidos, disfruté la noche porteña, los espectáculos eran de lunes a lunes, yo trabajaba en un restaurante desde la cinco de la tarde hasta las dos de la mañana, me daba una ducha y me iba a las cantinas hasta las seis o siete de la mañana y después dormía hasta las tres o cuatro de la tarde".

"En el hotel que me hospedaba éramos 4 de San Salvador, así que no me sentía tan solo, viví cinco años y después regresé, mi mamá me extrañaba y le preocupaba que estuviera tan flaco(risas) así que le hice caso y volví; el viaje se hacía en tren, 14 horas duraba el viaje hasta acá, siempre y cuando el clima estuviera bien y el ferry no tenga problemas, tardaba 5 cinco horas en cruzar el río Paraná desde Zarate a Ibicuy, era hermoso, se armaban guitarreadas con los correntinos y misioneros, era como una gran familia, ¡una cosa impagable!"

"Soy un tipo que nunca supe música, orejero al mango, y por lo que dicen los demás músicos, no desafino por más borracho que esté (risas), siempre me han recomendado que estudie algún instrumento, pero no lo intenté. Tengo muy buena memoria para aprenderme los temas".

"En este lugar donde vivo, estaba la cancha del club Nuevos Rumbos, que era donde yo jugaba, enfrente de los contrarios; Unión, ¡nos teníamos una pica tremenda!
Siempre me canto un tanguito, aunque nadie me escuche, como dice el dicho- nací perro y voy a morir ladrando-“.

Carlos Joannaz está casado y tiene 4 hijos, recorrió innumerables ciudades y pueblos con su canto, cosechó amigos y premios, pero lo más importante; consiguió el respeto de sus colegas y afectos.

19/2/08


Mono para los atrevidos!!!


Dibujo: José "Kolo" Fabre
E-mail: kolo_39@hotmail.com

20/1/08


-"Recuerdo que había una maestra, que tenía por costumbre adelantar el reloj de la escuela, para que toque antes la campana, todas éramos cómplices, menos la directora que si se enteraba nos echaba a todas, lo adelantaba como quince o veinte minutos, era gracioso verla subir a una silla, todas expectantes de su tarea.
-Durante dos años le cocine a los chicos de la escuela 9 cuando recién empezaba a funcionar, un día que lloviznaba, yo venía con una fuente grande con fideos, y un guacho de arriba de un árbol me tira un pelotazo y me hace caer, volaron los fideos para todos lados, eran muy diablos esos gurises, y todos se mataban de risa y yo con una bronca bárbara".
"En el invierno me gustaba llevar unos licorcitos, para aguantar el frío, pero siempre llevaba mi cepillo y crema dental para que no me sientan el olor, no sea cosa que empiecen a decir que la cocinera es una borracha"(risas).

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“Nací en Villa Elisa, en el año 1932, pero a mis 9 años mi padre se traslada a San Salvador, no conocí a mi madre porque ella muere cuando yo nací, a causa del parto y de una epidemia que había entonces, nos mudamos al campo, a la Colonia Cóndor, mi papá se casó varias veces, somos 18 hermanos por parte de mi papá, ¡era bravo el viejo en esas cosas! (risas), yo los quiero a todos, son mis hermanos, lo mismo que mis madrastras, han sido buenas conmigo".

"La vida en el campo en ese entonces era de mucho respeto, había que trabajar de muy chica, juntar huevos, darle de comer a los animales, nuestro padre nos asignaba una tarea a cada uno".

"Me crió mi abuela, de parte de madre, me dio mucho amor, igual que mis tías, sufrí mucho cuando me tuve que venir de Villa Elisa, era la regalona de la familia.
Fui a la escuela de la colonia, no tengo bien en claro si esta por cumplir 100 años o ya los cumplió, no he escuchado nada, hace un tiempo fui y la encontré hermosa, la habían hecho nueva, aunque no era a la que yo asistí, pasé lindos momentos ahí".

"A los quince años me voy a Bs. As, tenía una hermana que me vino a buscar con unas primas, el campo no me gustaba, me fui decidida a luchar, tenía como tutores a una familia de médicos, mi padre firmó un papel en la comisaría nombrando a esta gente, me tenían cortita, en esa época no se podía ir a un baile, tenías que ser mayor de edad, las otra chicas se iban y yo me quedaba en mi pieza a llorar".

"De chica tuve la inquietud de conocer Bs. As, me fui acostumbrando al ritmo de vida de la ciudad, me fascinaba todo, las avenidas que en ese entonces andaban los tranvías, las luces de los negocios y las calles, imagínense para alguien como yo que nació y se crió en el campo, ¡un cambio total!"

"Yo vivía y trabajaba en Villa Devoto, un lugar con muchas casonas, sería algo así como un barrio de casas quinta, de buenas familias, estaba prácticamente todo el día en la calle haciendo mandados, los patrones eran casi como nuestros padres, solo le teníamos que pedir lo que queríamos comprarnos, así sea un tapado de piel, ellos lo compraban, tengo muy buenos recuerdos de esa gente, pero tomé la decisión de irme, no hay nada mejor que vivir en lo de uno, a parte que me pagaban poco, yo quería un poco de más libertad".

"Conozco a mi marido, y me caso ahí en Capital, el era hijo único, tenía el papá muy enfermo, luego fallece y tomamos la decisión de volver porque la mamá de él queda sola, sufrí mucho, porque me había acostumbrado a las comodidades de la ciudad, el movimiento de los negocios, conseguir las cosas que quería comprarme cerca de mi casa; el pueblo yo lo veía que tenía mucha tristeza, en ese momento lo que me hacia feliz, era el nacimiento de mi primera hija".

"Mi marido no quería que yo trabajara, el tenía dos trabajos, pero pensaba en mi hija que estaba por cumplir 15 años y quería seguir estudiando, acá no había escuela secundaria, tenía que viajar y vivir en alguna pensión, así que me enteré que en la escuela necesitaban una persona para hacer una suplencia en la cocina por cuatro días, a los dos días de terminar con esa suplencia, me mandan a buscar porque la otra señora había renunciado, estuve 18 años donde mi sueldo lo pagaba la cooperadora, recién en 1984 me efectivizaron en el cargo".

"Llegué a cocinar para 700 chicos el desayuno y la merienda, estaba sola en la cocina, recién en los últimos años me pusieron ayudante, que era de los planes trabajar".

"A veces me agarraba la desesperación cuando las papas no me hervían o los fideos no se cocían, y se me llegaba la hora de comer, y veía a los chicos que me preguntaban si me faltaba mucho".

"Cuando empecé, la cocina era de esas comunes, como la que tenemos en la casa, luego con el tiempo me trajeron una cocina industrial, antes entraba a las 6 de la mañana, después cuando me efectivizaron, mi horario era de 8:30 a 14:30, las cosas las proveía el gobierno, la cooperadora también hacía su aporte importante".

"A veces me quedaba hasta más tarde colaborando cuando organizaban algún acto para recaudar fondos, pegando afiches o cualquier cosa que pudiera ayudar, me sentía muy a gusto, recuerdo a muchas de las chicas, como a Melita Enrique, Mirta Metzler, con todas las directoras y vice directoras tuve muy buena relación, menos con una que no voy a nombrar, no vale la pena, es una mujer muy egoísta, muy mala, ¡quería que le sacara cosas a las comidas para ahorrar!, no pensaba en los chicos, era muy desconfiada".

"Tengo la gran satisfacción que muchos de los alumnos me recuerdan con mucho cariño, muchos me dicen que extrañan esos guisos que les hacía, a la mayoría no los reconozco, imagínense que ahora son hombres, por supuesto han cambiado su aspecto, ese reconocimiento es algo que guardo en mi corazón, no me lo saca nadie.
El menú por lo general lo hacían las directoras, guardo un gran recuerdo de Nona Enrique, era una persona de gran aprecio, ella siempre decía que si yo estaba en la cocina, era garantía de responsabilidad".

"Recuerdo una época cuando traían fiambres y queso, tenía que preparar los sándwich y las fetas las tenía que cortar con un cuchillo, todavía me quedan los callos, no se porque no pedía que me lo traigan cortado, hasta que un día me dio una descompostura y me agoté y me pusieron una chica para que me ayude".

"Con los compañeros de trabajo nos llevábamos bien, éramos muy compinches, a veces estaba muy cansada o algo afligida y siempre alguno de ellos se contaba algún cuento de esos bien verdes, o cualquier otro tipo de charla, se sabían todo lo que pasaba, que la mujer de fulano se fue con otro, que el vecino tiene amores clandestinos, ¡nombraban a todos, y yo no conocía a nadie! (risas), ahora creo que todo sigue igual ¡o peor!"

"Creo que fue allá por 1989 que casi se cierra el comedor, entre todos llevábamos cosas para que siga funcionando, el gobierno no mandaba las partidas, aunque los comerciantes aguantaban, fue un momento crítico".

"El trabajo dignifica a las personas, es algo primordial en la vida, como dice el dicho; el trabajo es salud, es una gran verdad".

19/1/08


Apa Tío...


Dibujo: José "Kolo" Fabre
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